El escritor y el ladrón.

La ventana estaba abierta y mientras el brillo de la luna se filtraba hasta dar en el lustroso piso laminado, también aquel ladrón entraba con increíble destreza. La casa estaba sola, todos se habían ido de viaje, menos el padre de la familia. Él se había quedado a terminar su escrito: “Ensayo de la madre tierra”. Era una obra que hablaba de lo mucho que la naturaleza le había dado a los humanos y cómo, éstos, lo desaprovechaban día con día. El escritor se encontraba inmerso en su pequeño computador portátil, la luz del cuarto era tenue y a lo lejos un estéreo reproducía música clásica.

El ladrón sabía a qué había entrado: la caja fuerte. Una inmensa fortuna se encontraba en la caja fuerte, al sacar el dinero de la caja fuerte, sus deudas serían eliminadas y además podría vivir con lujo. Sabía que lo conseguiría, no había obstáculo alguno.  Ni el escritor podría detenerlo. Siguió caminando hacia la sala en la que estaba la caja fuerte, lo había estudiado todo. Éste era el día en el que cambiaría todo. Mientras se acercaba a la habitación a la que tenía que llegar, la música se escuchaba más fuerte.

Las teclas del ordenador sonaban cada vez más fuerte, los dedos azotaban con furia cada una de las teclas y la pantalla se llenaba velozmente de pequeños signos digitales. La música acabó por un segundo, al mismo tiempo, el escritor se detuvo a pensar, comenzó la siguiente canción y éste continúo.

La duela de las escaleras sonó mientras el ladrón depositaba su pie con cautela, siguió hacia la habitación sin emitir ningún sonido. Abrió la puerta y vio ahí al escritor, concentrado, la música le ayudaría, él no imaginaba nada. Todo estaba postrado para que cometiera su más anhelada misión. Avanzó, se puso a un metro de distancia del escritor, sacó una pistola con silenciador y apuntó a la cabeza.

El escritor estaba por culminar el capítulo 6 de su ensayo, sabía que tenía que empezar a sentenciar el clímax y describir la conclusión, pero todavía no tenía en mente cómo lo haría. La discusión interna en su cabeza era constante, ¿cómo debía hacerlo? ¿El secreto era comenzar a desglosar con ejemplos?¿O describirlo con un solo ejemplo y tirar las posibilidades con un golpe aturdidor? Nada era claro. Escuchó un pequeño sonido, fue como un pequeño clic en el horizonte. Al intentar voltear se escuchó una fuerte explosión y todo se volvió blanco.

Al instante un hombre despertaba de un sueño, había sido un sueño que le había cambiado la perspectiva de muchas cosas. ¿Será que había visto su futuro? Todo lo que estaba planeado tenía una importante culminación y no lo estaba aprovechando. Era el momento, lo tenía en mente y ya había visto claro la oportunidad de su vida.

Jaló una pequeña caja de cartón debajo de la cama y de ella sacó una pistola adaptada con un silenciador. Aquel ladrón, sabía que era su día de suerte.

Un viaje.

1

 

-Disculpe señor, ¿Qué trae adentro de su maleta?- Preguntó el guardia del aeropuerto mientras colocaba una gran maleta en la banda transportadora de la máquina de rayos X.

 

-Pertenencias y uno que otro recuerdo para un familiar.- Decía el Sr. H con un semblante serio pero la frente repleta de sudor frío.

 

-Parece que tenemos un problema, puedes venir un segundo.- Dijo la oficial que manejaba la máquina de rayos X a su compañero que custodiaba el detector de metales.

 

En ese mismo instante el Sr. H tuvo ante sus ojos una pasarela de imágenes, sonidos y emociones.

 

2

 

Tarde de verano, 3:17 de la tarde. El Sr. H había salido temprano del trabajo, el calor era agobiante y sentía como la camisa lastimaba su cuello con el constante rozar de la tela combinada con el sudor. Su economía estaba limitada y tenía que usar el agobiante transporte público día tras día, por años había tratado de comprar un carro que se adaptara a sus necesidades  económicas, pero nunca lo había logrado, siempre había gastos más importantes. Prioridades. Era un hombre casado y eso incluía gastos compartidos, cuando deseaba comprarse unos zapatos, su esposa necesitaba un vestido nuevo, cuando quería comprarse una corbata, su esposa necesitaba pendientes, cuando requería una camisa nueva, su esposa pedía cortinas para su casa. Esto siempre resultaba molesto, pero en el fondo sabía que le gustaba ver feliz a su esposa, nada lo ponía más contento que eso.

 

Desde hace un tiempo, el Sr. H deseaba tener unas vacaciones con su esposa; todavía no decidía el lugar, ni el momento, pero quería hacerlo, quería tener un fin de semana solo para ellos dos y olvidar el estrés diario. No había mucho dinero, pero se encargaba de hacer pequeños sacrificios para juntar ese dinero, evitaba comidas caras, fiestas, reuniones en bares o restaurantes y siempre evadía excederse en caprichos. Era difícil pero todo lo hacía pensando en su esposa. Esa misma tarde pasó a una agencia de viajes, preguntó por la mejor tarifa que se pudiera tener para un pequeño viaje a Huatulco.

 

-2 personas, el mejor hotel que tenga e inclúyame todos los preparativos para una cena especial a la luz de las velas junto al mar, que en esa cena no se escatimen gastos por favor, es para mi esposa, espero que le guste.- Al decir esto, sintió un dolor agudo en su estómago y una gota de sudor recorrer su frente.

 

 

 

 

3

 

Una gota de sudor caía de la frente del Sr. H, el guardia de seguridad del aeropuerto lo llamó: -Señor, disculpe, puede acercarse a ver esto.-

 

-Am….le juro que no sé….- Respondía temeroso el Sr. H.

 

-Señor, queremos pedirle disculpas, al parecer su maleta se atoró en la máquina y se rasgó un poco de la orilla, pero puede pasar a atención a clientes y se le dará una bonificación…- Decía el guardia.

 

-No, no es nada no se preocupe, solo quiero abordar el avión… gracias.- El Sr. H interrumpió mientras corría hacia la sala de abordaje.

 

4

 

-Bien ya está, avión en primera clase, habitación de lujo y cena privada. ¿Le puedo ayudar en alguna otra cosa?- Preguntó la encargada de la agencia de viajes.

 

-No, es todo lo que necesitaba, gracias.- El Sr. H recogió su portafolio y salió del lugar,  mientras iba hacia el transporte público que lo llevaba a su casa se imaginaba el viaje, la cena, los momentos que podría pasar con ella. Todo lucía perfecto, creía que no podría haber mejor regalo para su esposa que lo que había pensado. Creía que algo así, lo acercaría a su esposa.

 

Al subir al transporte público, vio a lo lejos a una pareja peleando, siempre que veía algo así, se preguntaba por qué la gente deseaba estar con alguien con quien tenía que enojarse o sentirse agredido o molestarse o mentirle, era increíble que el ser humano necesitara cobijarse con los sentimientos de otra persona indeseable. Creía que era horrible mantener recargadas las emociones a la deriva de una coordinación entre 2 personas y lo peor de todo, sentirse completamente dependiente de un frustrado pensamiento de impedir siempre una separación. Las cosas no podían ser así, sin embargo, lo eran, no sabía cómo o por qué, pero lo eran y eso era feo. Él se creía situado en un buen lugar, su vida era cómoda y, junto con su esposa, estaban en un nicho en el que podían pasar y arreglar todo. Su mundo era perfecto. Eso era lo que creía.

 

Se bajó del transporte público y caminó hacia su casa. Mientras tanto pensaba en esa pobre pareja, eran jóvenes, podrían vivir nuevas emociones y enterrar las viejas. No tenían nada que temer. A lo lejos se veía su casa. Ya casi estaba ahí.

 

5

 

-¿Qué es ese olor? ¿Es como algo podrido?- Decía una señora mientras pasaba al lado del Sr. H., éste solo veía el reloj y ya casi era hora de partir. Sus ojos, se volvían blancos de repente y su mente, en pausa desde hace unos días, no daba indicios de volver a ser la que era antes. Miraba el reloj atentamente y percibía justo el momento preciso en que el minutero avanzaba; cada vez que lo veía moverse era un pequeño alivio. Se preguntaba si su decisión había sido la correcta, si sus acciones habían sido las adecuadas, sabía que habría complicaciones pero ya no podía echarse para atrás. Lo hecho ya estaba hecho y aunque lo deseara con todas sus fuerzas no podría escapar de sus decisiones.

 

-Los pasajeros del vuelo 474B con destino a Puerto Vallarta, favor de presentarse en la puerta B.- Se escuchó en el altavoz de la sala de espera.

 

El Sr. H se levantó lentamente y caminó hacia la puerta B. Mientras caminaba, el camino se movía, se hacía lejano y se transformaba, entregó la maleta en la casilla de equipaje. El empleado la agarró y con un fuerte movimiento la azotó sobre la báscula.

 

–Con cuidado por favor, que hay cosas ahí que se pueden romper…- Reclamó el Sr. H.

El empleado asintió con la cabeza y no dijo nada. El Sr. H se tocó la cien con la mano temblorosa, vio el avión a lo lejos y pronunció con nervio en voz baja: -Te voy a extrañar.-

 

6

 

-Solo una cuadra más y ya llego.- Se decía el Sr. H, veía su casa a lo lejos, seguía avanzando y el camino parecía eterno. Había una niña y un niño jugando con una pequeña alberca en una de las casas por las que pasaba. Se aventaban agua y reían, las risas sonaban como eco en una calle que parecía vacía. Las sonrisas eran encantadoramente siniestras. Se detuvo un segundo y los vio.

 

En su mente, se vio a él jugando con los niños, riendo con ellos, tomando a su esposa de la cintura y bebiendo un gran vaso de limonada. Persiguiendo a los niños. Los niños corriendo hacia él, brincando y cayendo los 3 al suelo. Riéndose, gritando, emocionándose.

 

Despertó con una fría brisa de aire que le recorrió la espalda, siguió su camino, los niños también entraron a su casa.

 

Su esposa nunca había querido tener hijos, creía que no hacían falta. Él, desentrañándose de la renuencia a esa idea, aceptó los ideales de su mujer. Accedió, calló  y jamás pudo decir nada.

 

7

 

Las turbulencias eran terribles. Jamás se habría imaginado algo así, era un viaje corto, pero el viaje más funesto de su vida.

 

-Desea algo de beber señor.- Le preguntó una azafata.

-Agua con muchos hielos.- Respondió el Sr. H.

-Claro en un momento se la traigo.- Dijo la azafata, le sonrió y caminó.

 

Su mano no dejaba de temblar, se encontraba recargada en el descansabrazos y sus nervios alterados parecían no calmarse. El lamento de un bebé sonó en algún lugar atrás de él, el chillido resonaba a lo largo del avión y se cimbraba en la raíz de su tímpano. De repente otra turbulencia, otro chillido, más temblor. Gotas de sudor que resbalaban de su frente.  Un caos creciente, una anarquía de temor.

 

-Aquí está su agua.- Le dijo la azafata.

El Sr. H mantuvo la cordura en cuanto escuchó a la mujer con uniforme, recibió el vaso y lo colocó en la repisa de alimentos.

-Gracias, muy amable.- Contestó sin chistar. -¿Cree que falte mucho para que lleguemos?.-  Agregó desconcertado.

-No, no falta mucho, si quiere, puede ir poniéndose el cinturón de una vez.- Contestó la azafata, sonrió de nuevo y caminó a lo largo del infinito pasillo de avión.

 

El Sr. H se colocó el cinturón, se asomó por la ventanilla, le dio un sorbo a su vaso con agua y cerró los ojos. En su mente solo estaba su esposa observándolo, asustada, estremecida, arrepentida. En su mente había enojo, coraje, delirio, recuerdos. Le dio otro sorbo a su vaso con agua.

 

En sus pensamientos, todo era transparente e irreal. No había cordura, elocuencia, ni sincronía.

 

 

8

 

Uno siempre se pregunta: ¿Qué hace la gente en ausencia de uno? ¿Qué se dice, piensa o platica cuando uno está ausente? ¿De cuántos tópicos en las conversaciones nos hemos perdido? ¿Cuántas cosas impresionantes nos hemos perdido? ¿Y todo lo que nos causaría alguna reacción? ¿Cambiarían las cosas si supiéramos todo eso?

 

El Sr. H abrió la puerta de su casa con mucho cuidado para no hacer ningún ruido, era temprano, sabía que sorprendería a su esposa. Entró, la buscó en la cocina y no estaba. Subió las escaleras con discreción. Al subir y postrarse frente a la puerta de su cuarto, supo todo lo que estaba ocurriendo. Los gemidos de satisfacción de su esposa con otro hombre serían su ruina, ruidos ensordecedores que en su mente se hicieron imágenes. Imágenes que en sus manos se hicieron dolor. Dolor que se hizo demencia.

 

Agarró un candelabro que tenía cerca, éste se fundió con su mano y perdió por completo sus propiedades de candelabro, ahora era una objeto de rencor, odio y vapulación.

 

Desde afuera de la casa se escuchaban gritos de lamento, ira, espanto, dolor y horror. Sonidos que hubieran aterrorizado a cualquiera, pero no había nadie cerca de ahí que pudiera escucharlos.

 

9

 

El Sr. H esperaba por su equipaje a un lado del carrusel, en cuanto apareció su maleta la sala se llenó de un hedor sofocante, un infecto olor que invadió la sala con putrefacción. La agarró y habló de nuevo en voz baja: -Te va a encantar este lugar.-

 

Caminó a la salida del hospital. Una ligera gotera de sangre escurría de la maleta y dejaba un rastro. La gente se asustaba, cada vez llamaba más y más la atención de todos.

 

Al llegar a la salida, había un retén de policías esperándolo. Al verlo dejó la maleta en el suelo, se sentó a un lado de ésta y la abrazó.

 

Los rayos del sol tornaban la escena de un color naranja, la sangre seguía escurriendo y formaba un pequeño charco alrededor de la maleta. El brillo del sol era cada vez más fuerte. Los policías se acercaban lentamente hacia él y él con lágrimas en los ojos apretaba fuertemente la maleta murmurando constantemente el nombre de su esposa. 

Frustración

Se tomó la cabeza con las manos en un movimiento desesperado mientras veía la hoja de papel en blanco sobre su máquina de escribir. Todo era silencio; un vacío que enjuiciaba la razón. Con un temblor en la mano tomó su vaso con whisky y le dio un trago. Sabía que era tarde, tenía 8 horas para presentar su artículo. Había sido un mal día. No había tiempo para pensar, para enunciar, para describir algo trascendente. No había momento de sumisión ante el arte de la proyección escrita. Dio dos golpes sobre el escritorio con los dedos y comenzó a escribir sin detenerse.

Fue una increíble escena la que presenciamos hoy en la plaza de la constitución, tuvimos la suerte de encontrarnos con un hombre cuyas ideas revolucionarias están cambiando a México…

<¡MENTIRA!> Pensó y de un golpe arrancó la hoja, la hizo trizas y la arrojó a un cesto de basura, sólo un pedazo de hoja cayó dentro. Había más basura alrededor del cesto de la que había adentro de él. La casa era un asco. Se levantó, caminó en círculos por 15 minutos y se agarró las sienes con los índices. Con los ojos en blanco se decía a sí mismo: -Vamos, maldita sea, vamos mierda.- Corrió a la silla, le dio un trago a su whisky, hizo un gesto y sus manos comenzaron a moverse sobre las teclas de la máquina de escribir.

El movimiento social más importante de nuestro país ha comenzado a desarrollarse. Por primera vez en décadas, el gobierno se ve preocupado por los distintos acechamientos que han intrigado a millones de posibles seguidores para enfrascarse en lo que podría llamarse la revolución más importante de nuestra época…

Se detuvo, del bolsillo de su camisa sacó un paquete de cigarrillos, tomó uno, lo encendió, le dio una profunda bocanada y aventó el humo con tanta violencia que se fusionó con el brillo de la bombilla encendida de su cuarto. Siguió escribiendo.

personajes de todas las edades han aprovechado para poner su granito de arena y luchar por una causa común. Una causa justa. No está demás decir que el pueblo está cansado de vivir bajo los límites de un sistema prosaico que defiende la angustia para regodearse con lo burdo. Al parecer esta vez no habrá barreras que defiendan a un grupo de gente azotada por el yugo de un poder mal regido.

Sonrió al dejar de escribir, tomó el último trago de whisky. Sacó la hoja de la máquina. El sonido del rodillo con el roce de la hoja era magnífico para sus oídos. Leyó lentamente su escrito en voz baja. Se tocó la frente con el dedo índice. Se levantó de su silla. Lo volvió a leer. Sus manos comenzaban a temblar. Lo leyó en voz alta. Al terminar, arrugó la hoja de papel. La aplastó y trituró con las manos para aventarla al cesto de la basura. Ésta sí cayó adentro. Sacó otro cigarrillo, lo encendió y fumó de él. Se levantó y caminó hacia el refrigerador. Tomó una cerveza. Se limpió el sudor de la frente, bebió de su cerveza y miró al suelo moviendo la cabeza. <No puedo más> Pensó. Se sentó, le dio otro trago a su cerveza, respiró fuertemente y comenzó a escribir…

El récord por el pastel más grande del mundo fue vencido el fin de semana por una alegre Chef Mexicana justo aquí, en la capital del país…

Experimento de hombre.

El mundo era un fascinante experimento para él, así como él lo era para el resto del mundo. Aquel mono en su burbuja no era ordinario, era excepcional, era una de esas maravillas que la naturaleza prepara para momentos en los que nadie se espera que ocurriesen. Era sobredotado, diferente a los de su especie, tenía la habilidad de sobreponer causas y efectos sobre el raciocinio común.

Pero incluso para los seres más increíbles puede existir un difícil panorama, pues al ser único, se daba todo para ser anclado a experimentar con él. ¿No es gracioso que ésa sea la naturaleza del ser humano? El querer encontrar cómo funcionan las cosas sin miedo a destruirlas. ¿Hasta qué punto se puede entrometer la humanidad con la naturaleza sin devastarla?

 37-G22 era el nombre de prueba de aquel simiesco espécimen. En su pequeña burbuja tenía un retrete en el que hacía sus necesidades con mejores modales en comparación con muchos seres humanos, tenía una pantalla que le mostraba todo el día interacciones que lo bombardeaban con indicios de un mundo tan crudo como violento. 37-G22 conocía sólo una parte de ese mundo, la parte más oscura. Su habitación significaba más para él que lo que pudiera encontrar afuera de ella.

-Hubo un tiempo en que pensamos que su estabilidad estaba fuera de sí, creíamos que no tenía solución… que teníamos que liquidarlo.- Decía ante las cámaras el jefe de investigación del proyecto 37-G22. –Hicimos todo lo posible por salvarlo en esa ocasión, sin embargo, corrimos el riesgo de alertarlo acerca del mundo externo, fue una intervención de la cual no hemos sufrido las consecuencias…- continuó con seriedad.

Más de una vez grupos radicales habían tratado de frenar el proyecto lanzando misivas, cartas explosivas, haciendo mítines, campañas sociales, pero nunca había funcionado nada. El gobierno respaldaba el proyecto, y al ser así, era imposible frenarlo del todo. Siempre había nuevas formas de comenzarlo, siempre habría nuevos especímenes, nuevas locaciones, nuevas instalaciones. El hombre simplemente no le tiene miedo a las consecuencias, hasta que las tiene enfrente golpeándoles el rostro.

La pantalla dentro de la burbuja de 37-G22 mostraba imágenes de simios, orangutanes y gorilas siendo víctimas de crueldad humana. Él reaccionaba sólo con sonidos o muecas. Había un tiempo en el que hacía uso de agresión, pero ya era en vano. Él lo sabía, sabía más de lo que sus investigadores creían. A su vez, no confiaba en nadie, su protocolo de interpretación no era como todos lo imaginaban. Era diferente, no estaba siendo manipulado como todos los demás creían. Terminaron las escenas y comenzó una prueba de aseveración de sonidos. <Relaciona el sonido del arma de fuego con su imagen> decía la instrucción. 37-G22 se sabía todas las respuestas.

En una mañana fría las repercusiones comenzaron, el personal de limpieza llegó a los laboratorios a un día normal. Abrieron la puerta principal para descubrir que el olor no era el de siempre; era el pútrido aroma de un refrigerador que se ha quedado sin funcionar por tres noches seguidas, sin duda algo andaba mal. Al caminar por el pasillo principal observaron a cuatro  doctores del equipo de investigación colgados del cuello con cordón blanco. Tenían laceraciones en brazos, piernas y cuello. El personal de limpieza de inmediato llamó a la policía, siguieron con la vista al simio a través del cristal de su burbuja. Éste después de sonreír, los saludó moviendo la mano.

 Dos semanas pasaron de averiguación acerca de lo que ocurrió en el laboratorio, todo parecía indicar que alguien molesto con el experimento se había metido, agredido fuertemente a los doctores, les había cortado el cuello y después los había colgado. ¿Acaso es que cuando la respuesta es la más obvia pasa siempre desapercibida para el ojo humano? Hicieron todo lo posible para que nadie del exterior pudiera entrar, pusieron vallas, púas, electricidad, perros guardias y vigilantes de veinticuatro horas. Era un fuerte. Dos días después tres doctores más murieron.

El jefe de investigación, estaba en su casa desayunando cuando escuchó la noticia del nuevo asesinato. Unos segundos después resolvió el acertijo. Supo quién había asesinado a los doctores, vio su reloj, determinó lo que debía hacer y se dirigió a toda marcha al hospital. Tengo que acabar con esto, debí haberlo hecho hace un tiempo. Pensó mientras esquivaba un camión a gran velocidad.

Llegó al hospital, estaba hecho un caos, había reporteros en las vallas, tratando de entrar para grabar la noticia. El jefe de investigación entró a la zona exterior del laboratorio, muchos le gritaban, otros aventaron cosas a su auto. Un joven disfrazado de simio brincó sobre el parabrisas e inmediatamente después dos policías lo tiraron al suelo. Al entrar el auto, una multitud se avasalló sobre la reja, llegaron refuerzos de vigilancia e intentaron retirarlos con violencia. El jefe de la investigación entró a las instalaciones mientras pensaba cuidadosamente en lo que debía hacer. Entró a la sala de observación de 37-G22, había un pequeño botiquín negro que tenía la imagen de una calavera roja con una leyenda que decía <Código 732>. Sacó una inyección con un líquido azul del botiquín, caminó sobre un pasillo largo y entró a la burbuja.

Cuando el jefe de investigación entró a la burbuja de 37-G22, el simio se encontraba sentado en un pequeño taburete jugando con 2 objetos de madera. Cuando vio a su investigador, se paró mientras estiraba sus manos para dejarse poner la inyección. El doctor en un movimiento rápido inyectó al objeto de prueba y lo abrazó. Lo vio y sintió caer taciturnamente sobre su regazo, al instante un grupo inmenso de fotógrafos, reporteros y grupos radicales entraron a la sala de observación para contemplar el frío panorama. El doctor lo había hecho, había aniquilado a su experimento de la manera más fría posible. Se armó el caos: mientras unos tomaban fotos, videos o reportaban otros cuántos querían entrar a golpearlo, lastimarlo, matarlo pero la burbuja estaba cerrada. No había manera de entrar, no había manera de salir, el futuro del jefe de investigación estaba condenado y ahora estaba encerrado en la cárcel que él tanto admiraba. Se encendió la pantalla de la burbuja, lo primero que vio fue videos de simios siendo torturados, desollados, ahogados, electrocutados, degollados, exprimidos, aniquilados. El famoso doctor, ahora estaba en una tumba ideada por él y al instante comenzó a enloquecer. La multitud sintió pena por él, sintió dolor y agobio. Se alejaron, le hicieron señas, escupieron el vidrio, pero nadie hizo nada por sacarlo de ahí.

Los videos se difundieron en todos los medios. Hubo un gran movimiento alrededor del mundo condenando la anti-evolución del ser humano. Existieron agresiones en embajadas, amenazas, atentados y grupos radicales ambientalistas. El planeta se había separado en dos: Los que odiaban la realidad y los que preferían ignorarla.

 A las tres semanas, un grupo de operaciones por fin pudo descifrar el código que manipulaba las impenetrables puertas de la burbuja. El olor era insoportable, la putrefacción, la falta de oxígeno, la precaria forma de coexistir con esa realidad había penetrado en los cimientos más estables de la mente del doctor y los había hecho añicos. Su rostro contagiaba el horror que había sufrido; jamás volvería a ser el mismo. Su más anhelado sueño se transformó en dolorosa demencia. Creó una investigación en la que el sujeto a prueba no era ninguno otro más que él; apostó en contra de la naturaleza y ésta le había demostrado de lo que era capaz.

Aires.

¿Expectativas? Así el niño abandonado debajo del puente viendo a su alrededor el tráfico matutino lo podría resaltar, pero para él no es más que otro año que acaba, otro año que inicia y un auténtico martirio sin final. Para él cerciorarse de la realidad no entra en importancia, la comida de hoy sí lo es. El ganarse unos centavos para mantenerse despierto, vivo y elocuente es la misión de hoy. Pero qué es de la señora “petulante” en la camioneta del año que pasa a unos 10 metros de ahí, voltea, lo ve, lo ignora, lo borra de este mundo con su apatía. La señora maneja su camioneta, se detiene en el semáforo en rojo, saca su maquillaje caro y se lo aplica en la cara con mucho cuidado, sus pestañas se llenan de tinta mientras el semáforo pasa de rojo a verde y el señor del Volkswagen Clásico modelo 89 de atrás comienza a hacer presión, toca el claxon, lo golpea víctima de pánico por llegar una vez tarde a su trabajo. “Apúrese pinche vieja o esta vez perderé el bono” se dice a sí mismo, sin embargo, ayer se desveló apostando los ahorros de su mujer en juegos de baraja con sus amigos. En el aire hay frío, humedad, más frío y polución. Una polución que se burla del pensamiento humano.

La melodía de tus ojos.

¿Qué hay en un tipo de voz? ¿Subjetividad? ¿Encanto? ¿Desprecio? ¿O relatividad en la persona que habla y la persona que escuch? ¿Qué denota un tono bajo o un tono alto en la mirada del hablador? ¿Cuál es el esfuerzo del que escucha? Y sobre todas las demás preguntas. ¿Cómo se plasma una imagen en la mente al escuchar por primera vez la voz de una persona? Es como si una imprenta se alterara y plasmara masivamente millones de gacetas con ojos, nariz, boca, labios, color de cabello. Todo a la par de un tono en el ambiente, un colorido en las paredes que se torna de mil formas y posibilidades.

Ella, sobre el escenario, con la barbilla en dirección de la butaca más alta del auditorio, soltaba un agudo canto que terminaba con la canción que ella interpretaba. La audiencia, en llanto, suspiraba en cámara lenta sin poder dejar de mirar la angelical figura que emanaba de esos audaces labios un sonido hipotizante que dejaba pasar por la mente toda una vida en vigor de sueños, anhelos y vislumbros por una melodía tan exacta, precisa y perfecta como la que estaban contemplando.

Calló el telón, la gente se levantó de inmediato y los aplausos comenzaron, la gente no paró hasta que sus manos ardían. Cambiaron los aplausos por silbidos y gritos. El unísono se convirtió en una ovación retumbante, el teatro por completo se cimbraba.

El telón subía lentamente para dar a tan agraciada cantante una despedida honrante. El sonido de 3  balazos retumbaron en el eco del salón, y por la parte de abajo del telón se vio a la musa caer. Con desesperación la gente de la fila de enfrente fue la primera en levantarse y correr por el teatro, inmediatamente los demás hicieron lo mismo. En el fondo, nadie, se quedó a ver lo que los ojos sin vida de la cantante querían evocar como último anhelo.

Ensayo de ensayo de la lluvia.

Así simplemente ,mientras Stereophonic Space Sound Unlimited suena con la canción Formulator, las nubes pasan huyendo de la obscuridad; pues al ver que ésta las engulle sin compasión, su propósito es salvarse de los afilados dientes nocturnos. Viendo ésto, me pregunto ¿Es necesario que las nubes vayan tan de prisa a lo largo del día? ¿No sería mejor que una nube fuera estática? Así, las nubes formarían parte de constelaciones como yacen las estrellas en la periferia astral. Una nube podría ser determinada con un nombre, un apodo, un número, una coordenada. Podrían ser apadrinadas por personas y en dado caso, salir, dependiendo del tiempo transcurrido a saludarla; crearle un ritual y beber unas cervezas mientras sea visible. Inclusive sería preciso, el momento exacto donde pudiera llover, esto es lo que me imagino:

-¿Padre, cuando lloverá?- Dice el hijo inquieto con un barco de papel y traje impermeable.
-Vi en las noticias que María 746, Nepomuseno 256 y Alfredo 345 venían por estos rumbos, pero ninguna tenía carga de agua. Lo siento hijo; mejor lee un libro.- Contesta el padre moldeando su bigote en forma de cuernito.

Así también la ecología en el mundo cambiaría completamente. También podríamos salvarnos de desgracias desafortunadas en inundaciones tales como perder el acta de nacimiento de tu hijo el más osado, tu certificado de estudios de la prepa o incluso algo más importante como el testamento de la abuela.

Hay algunos que dicen que la lluvia se hizo para caer donde menos se espera, hay otros que dicen que la lluvia que mas se espera es la que menos cae, pero yo creo que la lluvia se desespera de que el mundo la espere donde no debe y no la espere donde debe.