Círculo de humo.

El hombre apagó lo que quedaba de su cigarrillo sobre el cenicero. Había durado un instante, pero al menos había funcionado para alejar el dolor de su mente. Miró el reloj inmóvil. Congelado.

“Me da un cigarrillo por favor”. Dijo el hombre depositando una moneda sobre la barra.

“Aquí tiene”. Contestó el mesero recogiendo la moneda.

El reloj comenzaba a moverse. Al quemarse, el cigarrillo accionaba el sentido del tiempo y el espacio del que pendía la vida del hombre. Las bocanadas de humo eran palpitaciones que lo hacían despertar de su coma. El hombre volvía a ver, volvía a respirar, volvía a ser.

El hombre apagó lo que quedaba de su cigarrillo sobre el cenicero. Había durado un instante, pero al menos había funcionado para alejar el dolor de su mente. Miró el reloj inmóvil. Congelado.

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