Melodía de ayer.

Los sonidos que emite un caja musical llegan más allá del oído: llegan a la mente, al estómago, al corazón; persisten para siempre en el pozo de la conciencia humana y hacen eco desde la realización de éstos, hasta el porvenir de todo.

La vida de una bailarina con la carrera truncada es de las cosas más tristes que existen. Augurar un éxito sin contar con la herramienta adecuada para obtenerla puede resumirse en vivir a expensas de una desesperanza interna, una realidad difícil de aceptar.

Tin-tin tin tin.

Aquella bailarina con la rodilla rota, estaba acostada sobre la alfombra. Acostada sobre sus sueños, ocultándolos de la vista ajena, arrebatándolos del panorama y guardándoselos para ella misma. Los apartaba de la realidad. En su mente ella era niña otra vez, era la pequeña que corría por la sala de su casa con 3 globos de diferentes colores. Estaba recreando el momento que más feliz la hacía.

Tin-tin tintin tin.

Su rodilla dolía y al mismo tiempo que el dolor se hacía más agudo, la visión de su recuerdo cambiaba. Veía el día en que bailando, su compañero de baile tuvo el peor error de su carrera. Un mal agarre de la cadera que terminó en un grave accidente. La bailarina cayó y todo su alrededor se hizo junto con su rodilla al tocar el suelo. Después de muchas operaciones, todo fue en vano, la bailarina jamás pudo volver a bailar.

Tin-tin tin tin.

Pero todo el recuerdo de querer ser bailarina no fue propio, todo fue obra de los lazos maternales. Su madre a través de obligaciones hizo lo que creía mejor para su hija y ésta, sin poder decir nada, tuvo que acotarlo. Las negaciones siempre fueron ilusas, su madre estaba empeñada a que su hija bailara. Y justo en esos días la infancia desaparecía y la bailarina comenzaba a aparecer.

Tin-tin tin…

La caja de música paró. Se le acabó la cuerda. La bailarina sintió horrible de ver que la pequeña figura arriba de la caja musical ya no se movía. Ella, inmersa en la tonada, en su mundo en la figura. Estaba ahí, inmóvil junto con todo. Porque al mismo tiempo que se detenía el accionar del mecanismo de la caja, su fantasía se pausaba. Aquella bailarina, odiaba ver que la figura de la niña arriba de la caja musical dejara de moverse con alegría con sus tres globos en la mano. Sin esa tonada, todo perecía.

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