Frustración

Se tomó la cabeza con las manos en un movimiento desesperado mientras veía la hoja de papel en blanco sobre su máquina de escribir. Todo era silencio; un vacío que enjuiciaba la razón. Con un temblor en la mano tomó su vaso con whisky y le dio un trago. Sabía que era tarde, tenía 8 horas para presentar su artículo. Había sido un mal día. No había tiempo para pensar, para enunciar, para describir algo trascendente. No había momento de sumisión ante el arte de la proyección escrita. Dio dos golpes sobre el escritorio con los dedos y comenzó a escribir sin detenerse.

Fue una increíble escena la que presenciamos hoy en la plaza de la constitución, tuvimos la suerte de encontrarnos con un hombre cuyas ideas revolucionarias están cambiando a México…

<¡MENTIRA!> Pensó y de un golpe arrancó la hoja, la hizo trizas y la arrojó a un cesto de basura, sólo un pedazo de hoja cayó dentro. Había más basura alrededor del cesto de la que había adentro de él. La casa era un asco. Se levantó, caminó en círculos por 15 minutos y se agarró las sienes con los índices. Con los ojos en blanco se decía a sí mismo: -Vamos, maldita sea, vamos mierda.- Corrió a la silla, le dio un trago a su whisky, hizo un gesto y sus manos comenzaron a moverse sobre las teclas de la máquina de escribir.

El movimiento social más importante de nuestro país ha comenzado a desarrollarse. Por primera vez en décadas, el gobierno se ve preocupado por los distintos acechamientos que han intrigado a millones de posibles seguidores para enfrascarse en lo que podría llamarse la revolución más importante de nuestra época…

Se detuvo, del bolsillo de su camisa sacó un paquete de cigarrillos, tomó uno, lo encendió, le dio una profunda bocanada y aventó el humo con tanta violencia que se fusionó con el brillo de la bombilla encendida de su cuarto. Siguió escribiendo.

personajes de todas las edades han aprovechado para poner su granito de arena y luchar por una causa común. Una causa justa. No está demás decir que el pueblo está cansado de vivir bajo los límites de un sistema prosaico que defiende la angustia para regodearse con lo burdo. Al parecer esta vez no habrá barreras que defiendan a un grupo de gente azotada por el yugo de un poder mal regido.

Sonrió al dejar de escribir, tomó el último trago de whisky. Sacó la hoja de la máquina. El sonido del rodillo con el roce de la hoja era magnífico para sus oídos. Leyó lentamente su escrito en voz baja. Se tocó la frente con el dedo índice. Se levantó de su silla. Lo volvió a leer. Sus manos comenzaban a temblar. Lo leyó en voz alta. Al terminar, arrugó la hoja de papel. La aplastó y trituró con las manos para aventarla al cesto de la basura. Ésta sí cayó adentro. Sacó otro cigarrillo, lo encendió y fumó de él. Se levantó y caminó hacia el refrigerador. Tomó una cerveza. Se limpió el sudor de la frente, bebió de su cerveza y miró al suelo moviendo la cabeza. <No puedo más> Pensó. Se sentó, le dio otro trago a su cerveza, respiró fuertemente y comenzó a escribir…

El récord por el pastel más grande del mundo fue vencido el fin de semana por una alegre Chef Mexicana justo aquí, en la capital del país…

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