Experimento de hombre.

El mundo era un fascinante experimento para él, así como él lo era para el resto del mundo. Aquel mono en su burbuja no era ordinario, era excepcional, era una de esas maravillas que la naturaleza prepara para momentos en los que nadie se espera que ocurriesen. Era sobredotado, diferente a los de su especie, tenía la habilidad de sobreponer causas y efectos sobre el raciocinio común.

Pero incluso para los seres más increíbles puede existir un difícil panorama, pues al ser único, se daba todo para ser anclado a experimentar con él. ¿No es gracioso que ésa sea la naturaleza del ser humano? El querer encontrar cómo funcionan las cosas sin miedo a destruirlas. ¿Hasta qué punto se puede entrometer la humanidad con la naturaleza sin devastarla?

 37-G22 era el nombre de prueba de aquel simiesco espécimen. En su pequeña burbuja tenía un retrete en el que hacía sus necesidades con mejores modales en comparación con muchos seres humanos, tenía una pantalla que le mostraba todo el día interacciones que lo bombardeaban con indicios de un mundo tan crudo como violento. 37-G22 conocía sólo una parte de ese mundo, la parte más oscura. Su habitación significaba más para él que lo que pudiera encontrar afuera de ella.

-Hubo un tiempo en que pensamos que su estabilidad estaba fuera de sí, creíamos que no tenía solución… que teníamos que liquidarlo.- Decía ante las cámaras el jefe de investigación del proyecto 37-G22. –Hicimos todo lo posible por salvarlo en esa ocasión, sin embargo, corrimos el riesgo de alertarlo acerca del mundo externo, fue una intervención de la cual no hemos sufrido las consecuencias…- continuó con seriedad.

Más de una vez grupos radicales habían tratado de frenar el proyecto lanzando misivas, cartas explosivas, haciendo mítines, campañas sociales, pero nunca había funcionado nada. El gobierno respaldaba el proyecto, y al ser así, era imposible frenarlo del todo. Siempre había nuevas formas de comenzarlo, siempre habría nuevos especímenes, nuevas locaciones, nuevas instalaciones. El hombre simplemente no le tiene miedo a las consecuencias, hasta que las tiene enfrente golpeándoles el rostro.

La pantalla dentro de la burbuja de 37-G22 mostraba imágenes de simios, orangutanes y gorilas siendo víctimas de crueldad humana. Él reaccionaba sólo con sonidos o muecas. Había un tiempo en el que hacía uso de agresión, pero ya era en vano. Él lo sabía, sabía más de lo que sus investigadores creían. A su vez, no confiaba en nadie, su protocolo de interpretación no era como todos lo imaginaban. Era diferente, no estaba siendo manipulado como todos los demás creían. Terminaron las escenas y comenzó una prueba de aseveración de sonidos. <Relaciona el sonido del arma de fuego con su imagen> decía la instrucción. 37-G22 se sabía todas las respuestas.

En una mañana fría las repercusiones comenzaron, el personal de limpieza llegó a los laboratorios a un día normal. Abrieron la puerta principal para descubrir que el olor no era el de siempre; era el pútrido aroma de un refrigerador que se ha quedado sin funcionar por tres noches seguidas, sin duda algo andaba mal. Al caminar por el pasillo principal observaron a cuatro  doctores del equipo de investigación colgados del cuello con cordón blanco. Tenían laceraciones en brazos, piernas y cuello. El personal de limpieza de inmediato llamó a la policía, siguieron con la vista al simio a través del cristal de su burbuja. Éste después de sonreír, los saludó moviendo la mano.

 Dos semanas pasaron de averiguación acerca de lo que ocurrió en el laboratorio, todo parecía indicar que alguien molesto con el experimento se había metido, agredido fuertemente a los doctores, les había cortado el cuello y después los había colgado. ¿Acaso es que cuando la respuesta es la más obvia pasa siempre desapercibida para el ojo humano? Hicieron todo lo posible para que nadie del exterior pudiera entrar, pusieron vallas, púas, electricidad, perros guardias y vigilantes de veinticuatro horas. Era un fuerte. Dos días después tres doctores más murieron.

El jefe de investigación, estaba en su casa desayunando cuando escuchó la noticia del nuevo asesinato. Unos segundos después resolvió el acertijo. Supo quién había asesinado a los doctores, vio su reloj, determinó lo que debía hacer y se dirigió a toda marcha al hospital. Tengo que acabar con esto, debí haberlo hecho hace un tiempo. Pensó mientras esquivaba un camión a gran velocidad.

Llegó al hospital, estaba hecho un caos, había reporteros en las vallas, tratando de entrar para grabar la noticia. El jefe de investigación entró a la zona exterior del laboratorio, muchos le gritaban, otros aventaron cosas a su auto. Un joven disfrazado de simio brincó sobre el parabrisas e inmediatamente después dos policías lo tiraron al suelo. Al entrar el auto, una multitud se avasalló sobre la reja, llegaron refuerzos de vigilancia e intentaron retirarlos con violencia. El jefe de la investigación entró a las instalaciones mientras pensaba cuidadosamente en lo que debía hacer. Entró a la sala de observación de 37-G22, había un pequeño botiquín negro que tenía la imagen de una calavera roja con una leyenda que decía <Código 732>. Sacó una inyección con un líquido azul del botiquín, caminó sobre un pasillo largo y entró a la burbuja.

Cuando el jefe de investigación entró a la burbuja de 37-G22, el simio se encontraba sentado en un pequeño taburete jugando con 2 objetos de madera. Cuando vio a su investigador, se paró mientras estiraba sus manos para dejarse poner la inyección. El doctor en un movimiento rápido inyectó al objeto de prueba y lo abrazó. Lo vio y sintió caer taciturnamente sobre su regazo, al instante un grupo inmenso de fotógrafos, reporteros y grupos radicales entraron a la sala de observación para contemplar el frío panorama. El doctor lo había hecho, había aniquilado a su experimento de la manera más fría posible. Se armó el caos: mientras unos tomaban fotos, videos o reportaban otros cuántos querían entrar a golpearlo, lastimarlo, matarlo pero la burbuja estaba cerrada. No había manera de entrar, no había manera de salir, el futuro del jefe de investigación estaba condenado y ahora estaba encerrado en la cárcel que él tanto admiraba. Se encendió la pantalla de la burbuja, lo primero que vio fue videos de simios siendo torturados, desollados, ahogados, electrocutados, degollados, exprimidos, aniquilados. El famoso doctor, ahora estaba en una tumba ideada por él y al instante comenzó a enloquecer. La multitud sintió pena por él, sintió dolor y agobio. Se alejaron, le hicieron señas, escupieron el vidrio, pero nadie hizo nada por sacarlo de ahí.

Los videos se difundieron en todos los medios. Hubo un gran movimiento alrededor del mundo condenando la anti-evolución del ser humano. Existieron agresiones en embajadas, amenazas, atentados y grupos radicales ambientalistas. El planeta se había separado en dos: Los que odiaban la realidad y los que preferían ignorarla.

 A las tres semanas, un grupo de operaciones por fin pudo descifrar el código que manipulaba las impenetrables puertas de la burbuja. El olor era insoportable, la putrefacción, la falta de oxígeno, la precaria forma de coexistir con esa realidad había penetrado en los cimientos más estables de la mente del doctor y los había hecho añicos. Su rostro contagiaba el horror que había sufrido; jamás volvería a ser el mismo. Su más anhelado sueño se transformó en dolorosa demencia. Creó una investigación en la que el sujeto a prueba no era ninguno otro más que él; apostó en contra de la naturaleza y ésta le había demostrado de lo que era capaz.

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