El vals del loco.

Constantemente me he preguntado acerca del sonido que desciende por la lúgubre noche, ese sonido que aleja el color del cielo y se azota en mi ventana; gruñendo y queriendo esparcir infortunio y tenebrosidad. Empieza a llover y yo sólo con mi computador me he vuelto loco.

Todo empezó hace 2 semanas, yo miraba a la calle como regularmente hacía, y no has de tomarme por un loco acosador querido lector de ésta infortunada entrada, pues yo no era un hombre insano, prefería la cordura de las cosas, el lado sensible y razonado de las situaciones, el modo truculento siempre estaba descartado por mí y mi alrededor; el contexto claro en mi vida, era siempre lo primordial.

So ahí estaba yo, comiendo una manzana, justo después de la comida, mirando a la calle. Pasó una señora jalando a su hija, ¿qué sé yo?, no quiero juzgar sin ser juzgado pero al parecer esa señora carecía de una vida feliz. Pero ésto último no fue lo que me trastornó sin remedio, atrás de ella, 10 metros cuando menos, se deslizó la luz más infernal que mis ojos jamás habían llegado a ver, una cabellera rubia cual cabello de ángel y una sonrisa fulgurante que incluso pintaba el oscuro y decadente fondo a su paso, el cuadro se iluminó por completo; hasta las ratas que pasaban de repente por una alcantarilla a metros de ahí se iluminaban de color. 15 segundos que parecieron días, meses, incluso años. Los 15 segundos que estuvo frente a mi ventana. 15 últimos segundos de inteligencia, concordancia y raciocinio.

Me dedico a sonorizar ediciones, comerciales, documentales y cortos en su mayoría. Trabajaba por poco dinero, pero me gusta lo que hago. He aprendido a relacionar todo lo que observo con efectos de sonido y músicas de fondo. Incluso me he sorprendido a mí mismo tarareando algún ritmo jocoso mientras camino.

Justo antes de enloquecer por aquel milagro de mujer, vino un cliente, después de una pequeña charla me dejó un trabajo acerca de un pequeño corto de terror, el corto contenía partes de películas de terror clásicas y quería que yo le diera un pequeño toque retrospectivo, sin llegar a lo burdo y grotesco. Perfecto, otra pequeña charla de presupuesto y el cliente se fue.

El proyecto no fue  del todo bien, justo me sentaba frente al computador y comenzaba a carecer de concentración,  lo único que veía era la caminata de aquella mujer perfecta y a la mente me venían composiciones históricas, pero ninguna se apegaba al sentimiento, al movimiento, al ritmo. Ningún tono enfocaba el vaivén histriónico de aquellos trastornantes pies.  Beethoven, Debussy, Rachmaninoff, Mozart: ninguno se apegaba a la situación. Ray Charles, Sam Cooke, Jimmy Dorsey: demasiado elocuentes. Charlie Parker, Miles Davis, Bing Crosby: demasiado movimiento. Dean Martin, Charles Trenet, Marlene Dietrich: fuera de contexto. Pink Floyd, Cream, Rush: Demasiado moderno.

2 días sentado viendo al computador no ayudaron de nada, por las noches intentaba dormir, daba 2 vueltas a la cama y regresaba al computador, tarareaba algo y nada funcionaba. El proyecto no avanzó, no podía ver las imágenes del corto, cada vez me causaba más malestar perder la imagen de aquella bella dama, por las tardes me paraba en mi ventana con fastuosa ansiedad, comencé a comerme las uñas por ese entonces. Los nervios comenzaban a irradiar.

2 semanas pasaron y no pude hacer absolutamente nada; el cliente llegó ese mismo día preguntando por su proyecto. La casa estaba totalmente desatendida y yo no había tomado ni una ducha en ese lapso. Percibí su molestia por el fétido olor a mugre y sudor.  Lo senté frente al computador. El vio mis uñas con una reacción de nervio, o al menos lo que quedaba de ellas. La sangre coagulada en mis dedos le provocó un pavor demencial. Le mostré el proyecto, la pantalla en negro y de fondo Voi Che Sapete de Mozart. Antes de que pudiera demostrar un desprecio por mi trabajo lo golpee en la nuca con una bocina. Cayó de golpe y la sangre fluyó por el suelo cual víbora buscando su guarida.

1 mes sin dormir, sin beber, sin comer. Sigo parándome todas las tardes buscando que su silueta armonice mi mundo, que su luz irradie la oscuridad de mi ventana, que su postura engulla lo tortuoso de mi paisaje. Las moscas no me dejan en paz, pareciera que me reclaman por darles algo de comer. El cuerpo del cliente, tirado donde yació al morir, es triturado por las escandalosas larvas. Ojalá se callaran, no me dejan pensar en paz. Creo que mis dedos comienzan a infectarse, el teclado del computador huele a sangre seca, sangre putrefacta.

Por ningún motivo puedo dejar de pensar en aquella mujer, por más insólito que parezca, su perfecto cuerpo iluminó mi mente, ella me llevó al paraíso. Me invitó a perderme.

Me cuesta trabajo escribir, pensar, tengo dolores en el estómago, en la cabeza, en la nariz, no siento los dedos; tal vez incluso ya no haya dedos. Percibo que no me queda más de un día. Espero verla hoy, así podría morir tranquilo.

He encontrado la canción perfecta como fondo de su movimiento espectral, así como de mi crítica búsqueda por encontrarla… Chopin. Vals en do menor. Opus 64.  Número 2.

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