¿Dónde está Dios cuando se necesita?

-Perdóname padre, pues he pecado.- Dijo el sacerdote, mientras de su espalda,
las distintas llagas que él mismo se había provocado manaban sangre cual volcán
en erupción vertiendo lava brillosa y aterradora.

-No es suficiente.- Respondió el sacristán. -Debes sufrir aún más, tus plegarias
han llegado al cielo, pero tu alma… tu alma no está en paz.- Sacó un revolver
calibre .44 disparó tres veces en el torax y la noche sucumbió. El sacristán
dejó el lugar de la trágica escena subiéndose a su automóvil, el chofer apretó
el acelerador a fondo y el polvo subió dejando un manto translúcido a lo largo
del camino.

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