A veces hay mom…

A veces hay momentos en los que el aire pesa más en el ambiente, en que los árboles se mueven amenazando y el calor malhumora sin causa racional alguna. A veces no hay minutos, sólo vacío.


¿Qué pedo con los presidenciables?

Personajes burdos, vacíos, con falta de propuesta, falta de palabra interesante e intención para mejorar un país al borde del caos y con una pobreza de producción para la competencia global. Las risas sarcásticas, el copete brilloso, el maquillaje caro y unos lentes de pasta no son lo que el país necesita, la imagen ya la conocemos, necesitamos saber opiniones que puedan cambiar al país. Parecían niños mostrando en clase de arte su collage con fotos recortadas, mostrando material jodido y con falta de base. Los 4 tienen cola para pisar, todos los políticos de este país la tienen, pero aquí ellos como imágenes públicas deberían tener algo más en la cabeza además de un pequeño pedazo de excremento.

No me queda duda de su eficacia para arrastrar gente, para jalar a sus masas y llenar auditorios con gritones acarreados. Pero ninguna muestra cojones para llevar la batuta de una orquesta con muchos instrumentos, pero con elementos humanos sacudidos,golpeados y desanimados. La sinfonía sigue sin tener ritmo.

¿Y qué hacemos? Comernos las uñas y pensar, ojalá todo cambie en 2 meses. No nos queda de otra más que seguir a la expectativa con estas verduleras amaestradas.

No sé ustedes, pero estoy seguro que no daré mi voto con orgullo.

 


Piénsale un ratito.

De la vida no se sabe su destino, del destino no se sabe su camino, del camino no se sabe el inicio, del inicio no se sabe el tiempo, del tiempo no se sabe su duración, de la duración no se sabe su contexto, del contexto no se sabe su sentido, del sentido no se sabe la razón, de la razón no se sabe la consecuencia, de la consecuencia no se sabe su verdad, de la verdad no se sabe lo que es mentira, de la mentira no se sabe la realidad, de la realidad no se sabe la naturaleza, de la naturaleza no se sabe de la vida.


Aquello que se suspende e…

Aquello que se suspende en una nube arriba de tu cabeza, mientras más flote juntando elocuencias mejor funcionará al ser aplicado.


La melodía de tus ojos.

¿Qué hay en un tipo de voz? ¿Subjetividad? ¿Encanto? ¿Desprecio? ¿O relatividad en la persona que habla y la persona que escuch? ¿Qué denota un tono bajo o un tono alto en la mirada del hablador? ¿Cuál es el esfuerzo del que escucha? Y sobre todas las demás preguntas. ¿Cómo se plasma una imagen en la mente al escuchar por primera vez la voz de una persona? Es como si una imprenta se alterara y plasmara masivamente millones de gacetas con ojos, nariz, boca, labios, color de cabello. Todo a la par de un tono en el ambiente, un colorido en las paredes que se torna de mil formas y posibilidades.

Ella, sobre el escenario, con la barbilla en dirección de la butaca más alta del auditorio, soltaba un agudo canto que terminaba con la canción que ella interpretaba. La audiencia, en llanto, suspiraba en cámara lenta sin poder dejar de mirar la angelical figura que emanaba de esos audaces labios un sonido hipotizante que dejaba pasar por la mente toda una vida en vigor de sueños, anhelos y vislumbros por una melodía tan exacta, precisa y perfecta como la que estaban contemplando.

Calló el telón, la gente se levantó de inmediato y los aplausos comenzaron, la gente no paró hasta que sus manos ardían. Cambiaron los aplausos por silbidos y gritos. El unísono se convirtió en una ovación retumbante, el teatro por completo se cimbraba.

El telón subía lentamente para dar a tan agraciada cantante una despedida honrante. El sonido de 3  balazos retumbaron en el eco del salón, y por la parte de abajo del telón se vio a la musa caer. Con desesperación la gente de la fila de enfrente fue la primera en levantarse y correr por el teatro, inmediatamente los demás hicieron lo mismo. En el fondo, nadie, se quedó a ver lo que los ojos sin vida de la cantante querían evocar como último anhelo.

To be continuará…


Luz oscura.


Lleno de nubes grises.

El tiempo permanece casi siempre de nuestro lado si se sabe hacer buen uso de él, de su facultad y de nuestros principios aunados a su interpretación. El caos inicia cuando, no siendo parte de la realidad, se invoca un movimiento rápido del tiempo  sin poder lograr una pausa, es como una avalancha de sentimientos poco usados  y modalidades no encontradas.

Era una tarde de abril, el sol quemaba la piel de todos y las calles sudaban con dolor y resentimiento sólo un tramo de sombra creaba el más ambiguo paraíso.

Yo, sentado en una banca gris y con un ramo de rosas rojas sostenido en mi mano, esperaba por mi ferviente prometida para comer en algún bello lugar con manteles limpios, copas elegantes y platillos de nombre pomposo. Era un día de esos donde todo el mundo trae una sonrisa en su rostro, los niños, los adultos, incluso hasta los perros que la gente llevaba parecían extasiados de felicidad por y para el mundo, sin pensar lo que alguna vez mi padre me dijo: “En los cielos despejados es más fácil encontrar nubes grises.”

Cuando decidí comprometerme con mi novia pensaba en lo lindo que podría ser casarse, mantener un patrimonio juntos y olvidarse de todo aquello que se puede hacer en compañía. La idea era maravillosa en un principio, pero con el paso del tiempo las bases se fueron oxidando y poco a poco todo se desplomó. Engaños, mentiras, burlas y chantajes eran el día a día en nuestras vidas y lentamente nos fuimos agarrando rencor, el resultado era claro, mi familia la odiaba y su familia me odiaba, sus amigos querían golpearme y mis amigas querían desaparecerla. No había más que hacer, el destino estaba escrito y parecía que con el tiempo habría menos escapatoria, estaba encerrado en un mundo lleno de masoquismo y no me animaba, con el paso de las horas, a postrarme ante la realidad.

Hoy era un buen día, después de comer, seguro me despediría de ella, dejaríamos todo de lado, cancelaríamos los planes de boda y enfrentaríamos la realidad; la sucia, descarada y humillante situación. Un circo de algarabía que en un movimiento adverso se convirtió en una galería de horror; un tortuoso escenario en el que yo no quería ser la estrella.

Al final del  día, no hubo nubes grises.


¿Dónde está Dios cuando se necesita?

-Perdóname padre, pues he pecado.- Dijo el sacerdote, mientras de su espalda,
las distintas llagas que él mismo se había provocado manaban sangre cual volcán
en erupción vertiendo lava brillosa y aterradora.

-No es suficiente.- Respondió el sacristán. -Debes sufrir aún más, tus plegarias
han llegado al cielo, pero tu alma… tu alma no está en paz.- Sacó un revolver
calibre .44 disparó tres veces en el torax y la noche sucumbió. El sacristán
dejó el lugar de la trágica escena subiéndose a su automóvil, el chofer apretó
el acelerador a fondo y el polvo subió dejando un manto translúcido a lo largo
del camino.


Ensayo de ensayo de la lluvia.

Así simplemente ,mientras Stereophonic Space Sound Unlimited suena con la canción Formulator, las nubes pasan huyendo de la obscuridad; pues al ver que ésta las engulle sin compasión, su propósito es salvarse de los afilados dientes nocturnos. Viendo ésto, me pregunto ¿Es necesario que las nubes vayan tan de prisa a lo largo del día? ¿No sería mejor que una nube fuera estática? Así, las nubes formarían parte de constelaciones como yacen las estrellas en la periferia astral. Una nube podría ser determinada con un nombre, un apodo, un número, una coordenada. Podrían ser apadrinadas por personas y en dado caso, salir, dependiendo del tiempo transcurrido a saludarla; crearle un ritual y beber unas cervezas mientras sea visible. Inclusive sería preciso, el momento exacto donde pudiera llover, esto es lo que me imagino:

-¿Padre, cuando lloverá?- Dice el hijo inquieto con un barco de papel y traje impermeable.
-Vi en las noticias que María 746, Nepomuseno 256 y Alfredo 345 venían por estos rumbos, pero ninguna tenía carga de agua. Lo siento hijo; mejor lee un libro.- Contesta el padre moldeando su bigote en forma de cuernito.

Así también la ecología en el mundo cambiaría completamente. También podríamos salvarnos de desgracias desafortunadas en inundaciones tales como perder el acta de nacimiento de tu hijo el más osado, tu certificado de estudios de la prepa o incluso algo más importante como el testamento de la abuela.

Hay algunos que dicen que la lluvia se hizo para caer donde menos se espera, hay otros que dicen que la lluvia que mas se espera es la que menos cae, pero yo creo que la lluvia se desespera de que el mundo la espere donde no debe y no la espere donde debe.


La brevedad del sentimiento.

Don Vicente Mora le dio un trago a su bebida; una paloma, con poca sal y mucho alcohol. Su vida caía por el borde de la cornisa, sus recuerdos, sus pensamientos carecían ya de un sentimiento de aferrarse a algo sano, algo natural y trascendental. El cigarro sin filtro en el cenicero, de deshacía lentamente. Don Vicente lo tomó, chupó la orilla con un suave movimiento de los labios y le dio una fuerte aspirada que se diluyó en su boca formándose parte de él mismo, el humo se fundió con su garganta perdiéndose entre las entrañas de aquel acabado organismo. Se levantó de la silla de su sala, tomó su boina y salió de su casa.

Don Vicente vivió grandes épocas, fue capitán de un barco de la marina, tuvo alguna vez un rancho y fue el dueño de grandes hectáreas de mangos los cuales mantenían un pilar para una fuerte economía personal; sin embargo, la vida le había jugado chueco y si bien nunca tuvo enemigos, el destino le había regalado 3 hijos los cuales, con perjurio y sin remordimiento sacaron a su padre del negocio siendo fundador e inversionista principal.

El bar a donde iba todas las tardes se localizaba a orillas del zócalo capitalino; un lugar pequeño y anticuado con 5 mesas pequeñas donde sólo iba gente fugazmente teporocha y ancianos de parecer monótono. Un ventilador de madera giraba todos los días soltando un ruido molesto pero al que la gente ya se había acostumbrado. Un viejo reproductor de discos tocaba canciones del guitarrista Antonio Bribiesca y se escuchaban las fichas de dominó siendo azotadas en las mesas de madera por aquellas personas que, si bien sabían sólo era un pequeño juego, no soportaban el hecho de perderlo.

Don Vicente entró, con su boina gris, sus lentes obscuros, su suéter color olivo, su pantalón negro y sus zapatos brillosos. Su bastón sonaba al tocar el piso y la gente, inmediatamente reconocía a su dueño. El dueño del bar se llamaba Augusto Urrieta, un señor de 42 años que había heredado el negocio, aquella cantina que en la década de los 40′s había sido un auge y ahora sólo eran recuerdos tácitos de un añorado pasado. Augusto corría inmediatamente a saludar a Don Vicente, le acomodaba la mejor mesa del local; localizada al lado de la ventana y cerca del corredor principal de la barra de bebidas, luego pedía a la barra la bebida favorita de Don Vicente; tequila servido sólo con 2 limones y un salero.

Aquel melancólico excapitán de la marina, se sentaba, le echaba sal a su limón, tomaba de su tequila, miraba por la ventana y luego pensaba en ella. Las nubes blancas, comenzaban a reflejarse en sus ojos, mientras estos, se llenaban de lágrimas.

Continuará.


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